El paisaje no lo puedo explicar, ya no quiero ni hablar de la salida al atardecer, pero eso lo intentaré expresar más adelante, si es que puedo con palabras, menos mal que hay fotos, jejeje!
El área para el desayuno en el crucero estaba llena de ventanales por los que podías apreciar todo mientras comías, y al comenzar a ver lo que nos rodeaba casi nos atragantamos solo para poder salir a cubierta lo más rápido posible y disfrutar de esa maravilla mientras el barco atracaba.
Ibamos embelesadas viendo todo, vamos, no hay una sola parte de la ciudad que no te enamore :)
Con el siguiente autobús comenzamos el recorrido por varios barrios, todos bellos; Gamla Stan, de donde partimos y la parte más medieval y antigua, Ostermalm, Skeppholmen, Riddarholmen, y una zona de Kungsholmen, hasta volver nuevamente a Gamla Stan.
Así que pillamos un taxi hacia el Hotel Nordic Sea, que es donde se encuentra el bar, está cerca de la Estación Central de Estocolmo, en Vasaplan.
Claro, no teníamos ni idea de como era eso, es decir, si te podías quedar ahí bebiendo tranquilamente o si era solo por un ratito, no hizo falta ni preguntar, una vez entramos lo descubrimos, jajaja!
Es una experiencia genial! Tiene su punto, obviamente es para estar un rato y ya, pero vale la pena, es único.
Todo, absolutamente todo, menos los camareros, es de hielo, hasta los vasos, es como un igloo todo iluminado con barras y mucho alcohol! Fue increiblemente divertido, nosotras vestidas como unas esquimalillas y pegándole la lengua a todo mueble o cosa que se nos atravesara, jeje! Solo pagamos por un trago, no es que sea muy muy económico, y también hay bebidas sin alcohol.
Cogimos otro taxi que nos llevó a Gamla Stan, las distancias no son largas y para algo así se puede ir en taxi sin problemas de presupuesto.
Allí se encuentran el Palacio Real y la Catedral, pero también está llena de callejuelas preciosas llenas de cafés y tienditas, nosotras una vez más optamos por recorrer las calles y perdernos por donde nos llevaran. Así que atravesamos los arcos de la muralla y nos dedicamos a pasear hasta que diera la hora de tomar de nuevo el autobús para regresar al barco.
Hasta pudimos disfrutar de la música de una orquesta municipal en una de sus plazas.
La luz era magia pura, el ambiente; todos los viajeros sentados en las mesas de las terrazas o asomados en las barandillas disfrutando de las alucinantes vistas que nos brindaba el lugar mientras caía el sol.....todo un regalo de la vida, del universo, de la naturaleza.....AWESOME!
O.C.